Desmolarizado.

|
Por primera vez en mis 21,9 años de existencia, tuve que ir al dentista para que me extraigan una muela.*
Toda idea previa sobre cómo se llevaba a cabo tal proceso fue desestimada. Digamos que Tom Hanks en Náufrago, con una piedra y un patín, no lo hizo de manera muy diferente a cómo lo haría un profesional.
Por algún motivo imaginaba un complejo proceso a mano de bisturí, cortes precisos y una extracción delicada. Pero no, nada más alejado de la realidad.
El procedimiento arrancó como lo esperaba: anestesia. Mucha. Me recosté a esperar que hiciera efecto, lo que pasó casi de inmediato. Y luego, el terror... ¿cómo ejemplificarlo?


Este tipo podría poner su propio consultorio.


Literalmente me arrancaron la muela de la encía. Entera. Con una pinza. La única indicación que recibí fue "si sentís ruido de que se está rompiendo, no te preocupes". La sensación no se la recomiendo a nadie. Se siente como... como si te estuvieran arrancando un puto diente, qué mierda. Una presión horrible en toda la dentadura, encargada a un caníbal con una tenaza.

Y ni hablar del post-¿operatorio?. Estuve 3 horas literalmente tragando y escupiendo sangre porque la herida no cerraba, esperando que coagule. Me ponía gasas en la boca y salían rojas como si las hubiera sumergido en vino tinto. Ya llegó un punto donde empecé a temer que hubiera que cauterizar de alguna forma porque realmente no paraba.
Lo peor es que es sensibilísimo, y en cualquier momento estornudo y empiezo a sangrar de lo peor.

Hoy, puré y sopita.

* Releyendo me dí cuenta que cabía la aclaración: al dentista fui miles de veces. Por primera vez fui para sacarme una muela.

Pd; el mejor título de entrada en lo que va del blog, sin duda.