Un manojo de pensamientos atados con alambre, en mi cabeza pateada una y otra vez contra la pared de su casa.
Las no-ideas apretujadas me golpean la sien desde adentro, rebotan, se dan vuelta, se desarman y mi lóbulo frontal parece el living de mi casa un domingo al mediodía, después de botellas vacías con su nombre de la noche anterior.